Por Lenka Kegevic

 

La crianza no es fácil. Ser padres no es fácil. Cuántos artículos y libros relacionados con el tema comienzan con o contienen frases como estas.

Es que son ciertas. No es fácil. Pero he estado pensando y dando vueltas al por qué y me estoy convenciendo que la dificultad no radica tanto en la tarea de criar en sí misma, si no en el desafío que nos pone a los padres como personas.

Me explico. Cuando estamos criando a otra personita, en especial cuando queremos romper con las formas tradicionales de crianza, o con cómo nos criaron a nosotros, y buscamos acercarnos a una crianza positiva, respetuosa, amorosa, o la etiqueta que se prefiera, la dificultad real radica en tener que encontrar, pulir, re descubrir, crear, educar, formar, rescatar, sanar, lucir, una mejor versión de nosotros mismos.

Nos desafía a estar muy atentos a pequeñas cosas ya que todo le enseña a los niños. Nos presiona a tener autocontrol en situaciones en las que normalmente podríamos perder un poco (o mucho) el control de nuestras emociones ya que esa es la mejor forma de que nuestros niños a aprendan a regular la expresión de lo que sienten. Nos invita a aceptar todas nuestras emociones, si, esto incluye aquellas que nos incomodan, y a expresarlas de una forma sana, considerada, respetuosa y constructiva ya que es el único camino para que nuestros pequeños se sientan cómodos con sus mundos emocionales.

Nos lleva a enfrentar prejuicios y aceptar llantos que a nosotros no nos aceptaban, a flexibilizar las reglas que no tienen sentido, a cuestionar nuestras creencias y prejuicios arraigados en nuestra médula y ver cómo cambia la métrica cuando se aplica a nuestros hijos.

Nos enfrenta a aspectos de nosotros que quizás antes nos veíamos, estaban oscuros, callados, y ahora debemos mirar con luz directa para poder hacer bien nuestro trabajo más importante y trascendente. Y cuesta. Y es difícil. Y a veces es duro. Y a veces duele. Pero se paga.

El trabajo que cada padre que quiere criar positivamente debe hacer consigo mismo es importante. Implica no sólo estar presente con los hijos si no estar presente con nosotros mismos. Estar atentos a lo que le pasa a los niños sin pasar por alto lo que nos pasa a nosotros. Conectarnos con ellos y mantenernos conectados con nosotros mismos. Tener paciencia con ellos y tenernos paciencia también. Perdonar sus errores y saber perdonar los nuestros, el mensaje es aprender de ellos. Ayudarlos, pero ayudarnos antes a nosotros. Y por sobre todo aceptarnos, querernos, respetarnos… ¡Lo estamos haciendo lo mejor posible! ¡Lo estamos haciendo bien!

Lenka Kegevic