Por Blanca García

 

Cuando baño a mi hija sin lavarle el pelo, le tomo sus moños hacia arriba con un pinche, así no se le moja. Hoy me metí a duchar y encontré a su muñeca con el pelo tomado de la misma forma.

La muñeca con el pelo tomado pudo haber pasado desapercibida, pero no, fue un recordatorio que estalló frente a mí cual fuego artificial. Ante mis ojos se mostraba el poder del modelo. Eso que hacemos cada día, no lo que decimos, lo que hacemos.

Entonces recordé que Jane Nelsen, mamá de 7 hijos y autora del programa Disciplina Positiva, dice “Disciplina viene de disciplini que significa seguir a un líder venerado. Su meta es establecer una conexión antes que la corrección, enseñar con el ejemplo, para desarrollar sentido de pertenencia e importancia”.

Hay tantas acciones en un día de crianza, en un día de cuidado. Algunas son sensibles y oportunas, otras, son desintonizadas y equívocas. A veces amarro el pelo sobre la cabeza con amor sin esperar nada a cambio, otras, digo “No me gusta que me grites” al mismo tiempo que estoy gritando. Y nuestros hijos observan cada acción, la absorben, la aprenden y la hacen propia, tal como aprendemos de memoria, sin darnos cuenta, una canción que suena en la radio. Lo aprenden sin esfuerzo porque nos aman, somos su permanente música ambiental, su líder venerado. Somos su modelo a seguir, lo queramos o no, nos gustemos o no.

¿Cuántas acciones respetuosas quedarán grabadas en los pequeños cerebros de mis hijos? ¿Cuántas de mis acciones violentas ya están ahí replicándose? ¿Cuánto de mi abuela o de mi bisabuelo están en mí? La responsabilidad es tremenda, y al mismo tiempo, ser consciente del poder de crear una nueva realidad de cuidado, es un verdadero placer.

Con amor y respeto, solté el pelo de la muñeca para que no le molestara o doliera.

 

Por Blanca García